Definición: (Roberto Pereira Tercero)
Conductas de violencia física (agresiones, empujones, arrojar objetos) verbal (insultos repetidos, amenazas) o no verbal (amenazas de agresión, rupturas de objetos apreciados), realizadas de manera repetida hacia los padres o los adultos que ocupan su lugar.
Nos sorprenden los estudios realizados de forma aleatoria sobre la violencia dentro del hogar, en concreto la violencia del hijo maltratador hacía su progenitor, estudios que no han sido, a nuestro entender, objetivos ni meticulosos ni se han basado en los principios lógicos de estos comportamientos y es que, para poder opinar sobre este tema hay que vivirlo de muy cerca, indagar a fondo del porque y de a partir de cuando se empiezan a producir.
Según un estudio realizado por Concepción Aroca Montolío profesora del Departamento de Teoría de la Educación de la Universitat de València (UV), defiende en su estudio que la violencia filio-parental parece estar relacionada directamente con prácticas educativas "permisivas, negligentes y con la ausencia --física o psicológica-- de la figura paterna". En este sentido, desestima "la sobreprotección o el estilo autoritario" como causas directas del comportamiento violento de los hijos. Haciendo especial hincapié en que los progenitores no influyen "de forma contundente, directa e intransferible" en el desarrollo psicoemocional y conductual de sus hijos. "La bidireccionalidad parento-filial debe contemplar el peso de la genética en su interacción con el ambiente, lo que determina que el progenitor no ejerce su peso sobre el vacío o sobre un ser que puede moldear por completo sin contemplar otros aspectos como la intensidad del apego, el temperamento o la emocionalidad positiva del hijo", advierte en una de sus conclusiones.
Nos parece terrible ignorar de la forma que se ha hecho al maltrato que se sufren estos niños dentro de sus hogares, recordemos que son niños, no son objetos y recordemos que son personas inteligentes con facilidad de adaptación, según sus edades, con ello recordaremos que por mucho que pretendamos no hacerles participes de la mala relación entre la pareja, siempre salen ellos como los más perjudicados puesto que captan cualquier cosa que a nosotros sus padres se nos pueda escapar.
Según este estudio que desmontaría cualquier otra teoría, esto nos obligaría a deducir que en muchas ocasiones el maltratador nace no se hace y es un error catastrófico pensar que podemos estar engendrando a un futuro maltratador, olvidándonos por completo de la habitualidad de estos niños a vivir entre violencia dentro y fuera de su hogar, aceptándola como un modo de vida al que se acostumbran y del que no pueden prescindir. Así mismo, esta demostrado que las personas maltratadoras lo son por haber vivido episodios de violencia en su entorno más próximo desde su más tierna infancia. Por otra parte entendemos que, a un niño no “se la moldea” como si de un jarrón de barros se tratase, se la educa con unos principios y unas bases y sobre todo IMPRESCINDIBLEMENTE con amor, comprensión y diálogo. Estamos tratando de seres humanos que aprenden lo que se les enseña, que se habitúan a sus entornos y que no tienen capacidad de discernir entre lo correcto y lo no correcto a menos que se lo inculque su progenitor y como opción complementaria su profesorado.
Es evidente que su entorno fuera del hogar influye de forma tajante en su desarrollo por ello es obligación de los padres de saber: donde, como y con quien se relacionan sus hijos para poder prevenir cualquier desviación con respecto a su educación.
Seamos conscientes de nuestro papel en cuanto a la educación de nuestros hijos y sobre todo, no pretendamos culparles de algo tan obvio como es la dejadez por parte de los padres.
Autor: Aecles
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